A 65 años de la huelga general “de brazos caídos” de 1944

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Autor: 
Ricardo Ayala

La venganza de la clase obrera contra la represión del martinato

El General Maximiliano Hernández Martínez llegó al poder aprovechándose del golpe de Estado contra Arturo Araujo en 1931 pero solo se consolidó con la derrota de la revolución. La masacre de 30 mil trabajadores en 1932 tenía el objetivo no solo de derrotar la insurrección sino también dar una lección a las masas para que la revolución no levantara cabeza durante décadas y eso hubiera sido así en cualquier otro país pero las enormes tradiciones revolucionarias en El Salvador, la incapacidad del capitalismo para dar estabilidad y los excesos cometidos por el gobierno militar hicieron que en un lapso de tan solo 12 años se diera un nuevo proceso revolucionario que de haber triunfado en su totalidad podría haber ahorrado decenas de miles de mártires.

El Partido Comunista de El Salvador (PCS) surgió cuando la revolución Rusa había degenerado burocráticamente. Hay un enorme río de sangre que divide al bolchevismo del estalinismo, Stalin asesinó a más comunistas que Hitler y Mussolini juntos, solo así pudo aplastar las conquistas democráticas de octubre. Stalin falsificó la historia y aprovechó la autoridad que el primer Estado Obrero tenia entre la clase obrera y los oprimidos de todo el mundo. Sustituyó el internacionalismo proletario defendido siempre por Lenin, por la teoría socialchovinista del socialismo en un solo país, usando los procesos revolucionarios y a los Partidos de la Internacional Comunista como peones en un tablero de ajedrez que podía sacrificar de acuerdo a las conveniencias de la burocracia soviética.

Existe un paralelismo entre las personalidades de Stalin y Hernández Martínez, ambos eran individuos grises de una baja cultura. Sustituían su pobre visión con la violencia más extrema, la tortura y el asesinato. Usaban el aparato, su poder y la represión para aparecer como los grandes Maestros visionarios, los grandes dirigentes.

El gobierno bonapartista de Hernández Martínez fue tolerado por la burguesía solo porque se convirtió en su héroe en el 32, el hombre con la capacidad de aplastar al comunismo en El Salvador. La burguesía prefiere los gobiernos basados en la democracia burguesa pero prefiere cien mil veces más a gobiernos dictatoriales antes que el triunfo revolucionario de los trabajadores. Un régimen bonapartista como el de Hernández Martínez, es la tendencia del poder a un solo hombre tendiendo a elevarse el estado por encima de las clases, por su naturaleza es incesable pues maniobra entre las clases; puede impactar golpes a la misma clase dominante aunque defendiendo siempre el modo de producción vigente, en este caso el capitalista.

Hernández Martínez ya en el poder decidió permanecer ahí reeligiéndose en varias ocasiones, siendo la ultima en marzo de 1944. Había  una creciente inconformidad de la burguesía con Maximiliano, quien les imponía que le dieran una tajada más grande del pastel de las ganancias capitalistas. Un ejemplo es el intento de aumentar las tasas tributarias a las exportaciones para que el Estado tuviera más ingresos.

El PCS en una situación critica

Desde los primeros círculos marxistas hasta la toma del poder de los obreros rusos, pasaron tres décadas. Todo ese tiempo sirvió para que se forjaran los cuadros y la dirección necesaria para llevar a los trabajadores a la victoria. El PCS no tuvo todo ese tiempo, a 2 años de su fundación ya estaba en medio de una insurrección y después de 1932 el partido prácticamente desapareció, fueron asesinados casi todos sus militantes y miles de simpatizantes. Incluso dirigentes como Miguel Marmol eran tachados por un sector del PCS como policía de Hernández Martínez, les parecía extraño que hubiera sobrevivido a su fusilamiento  y la cárcel.

Si en 1932 el proletariado se encontró con un partido inexperto en 1944 se encontró con un partido casi disuelto. Si la Internacional Comunista hubiera mantenido su internacionalismo y orientación marxista, como cuando Lenin y Trotsky estaban al frente, se podría haber salido de esa crisis de una forma más rápida y reconstruir un autentico Partido Comunista de manera mas pronta. Se cometieron infinidad de errores oportunistas. Salvo algunas excepciones el extremo clandestinaje impidió que el partido se ligara a las masas durante los años de dictadura. Esto solo era un reflejo de la falta de auténticos cuadros marxistas y de los zigszags políticos de la Comitern con sus erróneas políticas.

La segunda guerra mundial significó fuertes presiones económicas para las masas del mundo, incluyendo las de nuestro país, la crisis golpeaba duramente a las familias obreras, esto se sumaba a la enrome represión que se vivió durante todo el martinato. Se usaron métodos brutales para contener a la clase obrera como la cárcel, la tortura y el asesinato. En ese contexto tuvieron fuerte eco los métodos ultraizquierdistas con conspiraciones aisladas, síntoma de desesperación.

Fermento en el movimiento obrero

El ambiente real que había entre los trabajadores lo pudimos ver cuando el gobierno de Martínez permitió la formación de una asociación de zapateros con el objetivo de ganar una base de apoyo a Martínez con la intención de mantenerla bajo un control estricto. En una situación así era vital aprovechar cualquier oportunidad legal para vinculares al movimiento obrero y organizarlo. Reconstrucción Social Salvadoreña fue el equivalente a los sindicatos formados por la policía Zarista en Rusia dentro de los cuales los bolcheviques hicieron trabajo y los mismos que se radicalizaron y fueron la base para organizar la marcha del 9 de enero de 1905 que dio inicio a la revolución. Pero la conciencia de los trabajadores en El Salvador era más avanzada que la de los obreros rusos a inicios de 1905.

Los obreros comunistas dudaron en participar en Reconstrucción Social Salvadoreña, pero fueron empujados por el enorme ambiente y expectativas que generó entre los trabajadores. Participar en estas reuniones fue un gran acierto, los obreros usaron este espacio para debatir sus problemas. Un obrero llamado Vicente dijo: “Por primera vez después de 1932 estamos reunidos los zapateros salvadoreños ¿Y como nos encontramos? Pues, basta vernos los unos a los otros. Sucios, malvestidos, algunos hasta descalzos, todos descuarranchados y con caras de hambre (Miguel Marmol. Los sucesos de 1932 en El Salvador, Roque Dalton)”. El ofrecimiento que se hizo a los zapateros por parte del gobierno fue irse a trabajar a Panamá para ensanchar el canal, algo que fue rechazado. Los obreros comunistas jugaron un papel en orientar la reunión y constituir una organización que defendiera verdaderamente los intereses de los trabajadores. Finalmente se constituyó la Alianza Nacional de Zapateros.

Martínez permitió la formación de sociedades mutualistas en las que cooperaban trabajadores y patronos de la misma rama, sirvieron, en ese contexto, para agrupar y organizar al movimiento obrero, de ahí surgieron reales sindicatos en el siguiente periodo como fue el caso del sector de los ferrocarrileros. Un ejemplo de lucha en estas sociedades fue el de los panaderos que frente a los ojos de los mismos patrones, organizaran una huelga en medio del martinato en junio de 1943, teniendo enorme resonancia y consiguiendo aumento salarial con reducción de horas de trabajo. El 17 de junio, día del triunfo de la huelga, fue declarado como el día del panadero. Las sociedades mutualistas

La “revolución” del 2 de abril

En ese ambiente de fermento entre los trabajadores y al grito de: ¡Viva la verdadera democracia!   ¡Viva la Libertad!, el 2 de abril se da un golpe de Estado por parte de militares en alianza de civiles que, después de tres días de combate, es derrotado. Tenían el objetivo de derrocar y asesinar a Hernández Martínez. Las masas vieron en este golpe de estado un intento de salir del martinato, antes de ser derrotado el golpe se veían escenas de gante que salía a la calle llorando de felicidad porque ya había terminado la dictadura. Incluso los borrachos en la calle gritaban: ¡Muerte al tirano Martínez!, estos gritos se callaron matando a algunos de ellos que por estar en la borrachera no se habían dado cuenta de la derrota del golpe. Se dio una manifestación de por lo menos 500 personas pidiendo armas a los rebeldes para ayudar a derrocar a Martínez.

Maximiliano Hernández hizo pagar caro a los golpistas, quienes en todo momento se negaron a recurrir a la movilización de las masas y su armamento como la única forma de corregir los errores de la mala planificación del golpe. Por el contrario recurrieron a la embajada de EEUU quien les negó el apoyo. Miguel Marmol califica a  los dirigentes golpistas de abril de cobardes, traidores e ingenuos, pero relata que incluso dentro de ellos hubo excepciones de heroísmo como fue el caso del civil Víctor Marín que su muerte misma refleja la brutalidad del martinato:

“Para tratar de sacarle las listas de los conspiradores, en la policía le sacaron un ojo y le quebraron los brazos y las piernas, le arrancaron las uñas de pies y manos y le trituraron los testículos. Cuando lo fusilaron lo tuvieron que apoyar en un burro de madera. Y cómo no sería de mucho el hombre, que cuando se le acercó el cura frente al paredón y le dijo que venía a reconfortar el espíritu, Marín contestó: ‘Es el cuerpo el que me flaquea, padre, no el espíritu…’ (Miguel Marmol. Los sucesos de 1932 en El Salvador, Roque Dalton)”. Las nuevas escenas de brutalidad querían dejar un mensaje claro para aquellos que querían derrocarlo.

La huelga general de mayo de 1944

Lo sorprendente de la huelga de 1944 es que las masas dieron una heroica demostración de lucha revolucionaria sin contar con una dirección. El movimiento estudiantil salvadoreño tiene enormes tradiciones revolucionarias, a diferencia de aquellos estudiantes que hoy piensan que se es sumamente revolucionario encapucharse y hacer una acción aislada de los trabajadores y el resto de estudiantes, en 1944 se mostró cual es el verdadero camino a seguir: vincularse a la clase obrera con sus métodos en las movilizaciones de masas.

La “revolución” de abril abrió el camino para una verdadera revolución. La idea de derrocar a Martínez se incrusto en la mente de las masas, los estudiantes iniciaron la agitación y llamaron a una “Huelga general de brazos caídos” este es el nombre como se conoce a los acontecimientos revolucionarios de mayo de 1944 pero no es del todo correcto. Este llamado fue muy tímido para las contundentes acciones que impulsarían las masas. La huelga iniciada el 2 de mayo comienza en las universidades y de manera irresistible se extiende a las fábricas. En un artículo escrito por Luis E. Savedra se describe así la situación:

“Y se inició la huelga de mayo. Y los estudiantes universitarios… y los colegios particulares… y las escuelas oficiales se fueron a la huelga. Y se fue a la huelga el comercio… luego las fábricas, toda la industria se fue a la huelga, después lo hicieron los empleados bancarios, los hospitales y las generosas mujeres de los mercados… Y se paralizó el servicio de ferrocarriles, el servicio de buses urbanos y luego el interurbano… y se fueron a la huelga todos los empleados públicos del país…” (Tomado de hunnapuh.blogcindario.com).

El gobierno militar quiso aplastar la huelga por medio de la violencia, pero no es lo mismo enfrentarte a un grupo de militares que apenas si consiguieron tomar control del telégrafo, alguna estación de radio y algunos cuarteles que combatir a la clase obrera que es la que hace que funcione el conjunto de la sociedad. Una huelga general pone el tema del poder sobre la mesa aunque por si sola no lo resuelve. Se hace la pregunta ¿Quién es el dueño de la casa?

El gobierno norteamericano retiró el apoyo a Martínez usando de pretexto el asesinato accidental de un estudiante salvadoreño-norteamericano al que llamaban Chepe Wright. Martínez se vio obligado a renunciar el 9 de mayo, ya no le era inútil al imperialismo pues era incapaz de contener el avance revolucionario de los jóvenes y obreros de El Salvador. La táctica fue sustituir al actual dictador por otra figura para evitar que los trabajadores tomasen el poder.

¿Era posible ir más lejos?

El PCS planteó la consigna de la “Unidad Nacional” que significa unidad de los trabajadores con los capitalistas que se oponían a Martínez. Lenin siempre defendió la independencia de la clase obrera de la burguesía. Stalin por el contrario se abrazó a la teoría menchevique de conciliación de clases vinculándose siempre a la llamada burguesía progresista. En El Salvador se adoptó esa posición que nada tiene que ver con el auténtico marxismo leninismo.

Salvador Cayetano Carpio, entonces obrero panadero que en los siguientes años se convertiría en el dirigente sindical mas reconocido y fututo secretario general del PCS señalaría: “Por ejemplo la gran oportunidad que tuvo el pueblo para avanzar hacia un régimen más adecuado a sus intereses en 1944. Allí fue el chance más grande de romper el eslabón de las tiranías militares. No tuviéramos ahora 50 años de tiranía militar, sí en ese momento el pueblo hubiera profundizado sus aspiraciones revolucionarias, para lo que estaba bien dispuesto, dada la crisis en que en ese momento entraron las esferas del poder. Estaban tan socavadas las contradicciones internas de las clases dominantes, que estaban pasando por una crisis interna aguda y el pueblo estaba tan aburrido y cansado ya de la tiranía martinista y tan dispuesto a la lucha, que allí hubiera bastado una buena dirección de clase para hacer avanzar el proceso. Pero ¿Qué sucedió? El PCS de El Salvador, durante los 13 años posteriores a 1932 había estado organizado en mínima escala, sin células, sin funcionamiento verdadero, apenas con algunos supervivientes de 1932 que tenían mucho sacrificio y abnegación pero con el partido casi deshecho. Hasta cerca de 1942 empezó a conformarse nuevamente una especie de Comité Central, más que todo unidos por las casualidades”.

Y mas adelante continúa: “Cuando Martínez se tambaleaba y comenzaron las primeras muestras de violencia del pueblo, entonces estos se asustaron y entraron en tratos con Martínez para la "sucesión" constitucional: Una sucesión legal en el poder, lo que equivalía a romper el espinazo del auge revolucionario del pueblo. La última condición que Martínez puso fue que no se rompiera la constitucionalidad, porque entonces el pueblo iba a "desbordarse". La dirección popular pequeño burguesa [del PCS] aceptó, y en vez del tirano Martínez pusieron como Presidente al Vice-Presidente, al Gral. Ignacio Menéndez, y de esa manera lograron bajar los ánimos del pueblo” (Cuaderno de formación Nº 1 de las FPL, Comandante Marcial).

No compartimos todas las conclusiones que Carpio sacaría de estas experiencias como su método de la Guerra Popular Prolongada o el debate entre violencia o pacifismo, cuando el debate real era sobre los métodos y programa del reformismo contra los métodos y el programa revolucionarios. Pero esta cita deja en claro que incluso en esas condiciones, ante el vacio de dirección, el PCS pudo haber dado un vuelco al proceso si hubiera mantenido en primer instancia una independencia de clase y hubiera tenido en perspectiva la toma del poder por parte de los trabajadores lo que hubiera significado un enorme paso adelante generando un proceso irresistible en todo Centroamérica.

Bajo el gobierno de Ignacio Menéndez se vivieron ciertas libertades acompañados con el auge del movimiento de masas. Se formó la Unión Nacional de Trabajadores, un  partido político que cubría el papel de confederación sindical, que de manera rápida tuvo una masiva afiliación obrera. Las masas obligaron a echar abajo la reaccionaria constitución de Hernández Martínez, pero todo esto fue truncado con un nuevo golpe de Estado en Octubre de 1944 dirigido por el Coronel Osmín Aguirre, uno de los asesinos de campesinos en 1932. Este fue el resultado directo de no haber derrotado completamente a la oligarquía y la burguesía.

Es necesaria una dirección auténticamente marxista

Centroamérica es en realidad una sola nación, su historia esta íntimamente ligada. Mientas se derrocaba a Maximilianio Hernández, en Honduras se combatía la dictadura de Tiburcio Carías Andino. Había fuertes protestas de mujeres en mayo, un mes después los obreros de San Pedro Sula realizaron una huelga aunque fue derrotada con una represión brutal y una masacre casi olvidada de decenas o quizás algunos cientos de obreros y mujeres. Guatemala no se quedó atrás, desde junio se iniciaron huelgas y protestas que derrocaron a Jorge Ubico y en octubre de 1944 nuevas protestas derrocan a su sucesor el general Ponce formando una junta de gobierno de la que formaría parte Jacobo Árbenz.

Si esto se dio con el simple derrocamiento del gobierno militar, con la toma del poder de los trabajadores salvadoreños el impulso hubiera sido muy superior dando posibilidades para el inicio de la revolución socialista en Centroamérica.

Una federación socialista en Centroamérica, basada en la democracia obrera hubiera influido en el proceso de lucha de clases del proletariado a nivel mundial animando a los obreros rusos a echar a un lado a la burocracia y regresar al régimen de democracia obrera vivido de 1917 a 1924 en el Estado obrero ruso. Gracias al enorme potencial de la economía planificada, la segunda guerra mundial terminó con el triunfo de la URSS, pese a los tremendos errores de Stalin, a partir de ahí se formó el mal llamado bloque socialista, que se formó a imagen y semejanza de la URSS. Con un solo ejemplo en el mundo de autentica democracia obrera se podría haber contagiado al resto de los Estados basados en la economía planificada. Se podría haber construido verdaderos Estados socialistas y no sus caricaturas burocráticas.

Debemos recordar las jornadas revolucionarias de 1944 no con melancolía, sino como lecciones para la lucha de clases hoy. El método de la huelga general es vigente y necesario en épocas de crisis capitalista como el que atravesamos. Para aquellos reformistas que hablan que no hay en la actualidad condiciones para asestar golpes a los capitalistas con estos métodos debemos recordarles que los obreros y  estudiantes en 1944 lo impulsaron en condiciones sumamente más difíciles que las de ahora. Otra gran lección es que la independencia de clase es vital para conseguir una profunda transformación social y sigue siendo necesaria la construcción de una dirección auténticamente marxista al frente de los sindicatos, el movimiento estudiantil y los partidos obreros de masas.

Abril de 2009.