¿Se ha terminado la relación Nayib-FMLN?

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Autor: 
Vladimir Elías Montes Trabajador de la Educación

Ya ha pasado mucha agua bajo el puente desde que estalló lo que parece ser una ruptura definitiva entre el alcalde de San Salvador Nayib Bukele y el FMLN, más en concreto con su dirigencia. Y no vamos a narrar con lujo de detalles en este texto, lo que ya es conocido por todos, pero sí vamos a analizar lo que podría perfilarse como una de las escisiones más fuertes que puede sufrir el partido en los últimos tiempos debido a este conflicto y sus consecuencias en el futuro inmediato.

Existe un famoso refrán que dice: “de tanto que va el cántaro a la fuente que termina por romperse”, y lo sucedido entre el alcalde Bukele y la dirección del FMLN ha sido precisamente el resultado de un proceso de enfrentamientos verbales que se había venido acumulando desde hace meses. Ya hemos visto y analizado en artículos anteriores cómo existían diferencias muy marcadas entre algunas decisiones que ha tomado el Ejecutivo—a manos del partido—y el alcalde, y que pusieron tensa la relación entre ambos y al mismo tiempo con los altos dirigentes. Ver: (Nayib: Bukele a la izuqierda de la izquierda?) Pero la gota que derramó el vaso fue el hecho que ha trascendido por todos los medios, la postura de los concejales de nuestro partido en cuanto a dar sus votos o no para la continuación de las obras de remodelación de las principales plazas del Centro Histórico.

Todo parece indicar, debido a un comunicado de los concejales, que su postura era correcta. Las obras de remodelación no parecen presentar el avance que deberían de tener a estas alturas, y desde luego las empresas contratadas han estado cobrando los jugosos contratos independientemente si han pegado más de un ladrillo o dos. Este hecho hizo posicionarse a los concejales de manera momentánea junto con los de ARENA—quienes desde luego iban a estar en contra de todo lo que propusiera su más férreo oponente para la silla edilicia por San Salvador—y esto desató el enojo furibundo de Bukele. Luego se viene la historia dramática de la manzana de la discordia lanzada por este último a la compañera síndica Xochitl Marchelli, quien al mismo tiempo estaba exigiendo la destitución del jefe de recursos humanos del CAM por agresiones de acoso sexual hacia las mujeres trabajadoras de la alcaldía, lo cual es del todo una postura correcta, si se logra comprobar.  

En este tira y encoje, en una gira por los EEUU, Nayib lanza otra acusación, esta vez dirigida al Presidente S. Cerén, en la cual lo desconoce y afirma que su figura como tal no existe en el país y que quien dirige las riendas de la nación es la Comisión Política del FMLN. Ante tal escenario, las acusaciones y el debate siguen la vía de ajustar cuentas en redes sociales donde el alcalde es un experto, pero también es combatido por una gran cantidad de militantes y directivos quienes dan por hecho el rompimiento. Los seguidores de Nayib no pierden tampoco el tiempo y se adentran en cansados y extensos comentarios y acusaciones de ambas partes. Mientras tanto la derecha se frota las manos y mira con ojos fulgurantes esta crisis en las filas de la izquierda, ya que una de sus principales consignas es el divide y vencerás.

Posiciones encontradas

Muchos líderes del partido afirman que Nayib ha pasado ya los límites de la tolerancia y que es necesario ponerlo en su lugar. También se han escuchado comentarios comparando la actual situación con el pasado conflicto armado, donde las diferencias se solventaban con juicios sumarios de los acusados. Obviamente el contexto era el de una guerra civil, y no un juego del policía y el ladrón que solíamos jugar cuando éramos pequeños y aunque se cometieron gravísimos errores, el escenario era hasta cierto punto comprensible.  Pero pareciera que mucho compañero siente una añoranza enfermiza hacia los viejos métodos de solución de conflictos.

Bukele ha rebasado la paciencia de nuestros compañeros dirigentes, al posicionarse en contra de muchas medidas adoptadas por el partido y acusar a la izquierda de ser igual que la derecha o peor que ella. Ver: (Las recientes contradicciones entre Bukele y la dirección del FMLN presagian una ruptura previa a las próximas presidenciales) Esto no ha caído en gracia  para nadie del partido que ostenta posiciones de dirección; pero con la militancia y los simpatizantes del partido, Bukele es más cauteloso y parece cuidarse de un vocabulario ofensivo o denigrante. Ya sea por respeto o para ganar su apoyo, el trato hacia las masas es distinto, y esto es compensado con un aval a su gestión en las diferentes encuestas de opinión.

El alcalde parece estar seguro de su destitución de las filas del FMLN, en sendos comunicados en sus cuentas de redes sociales ha explicado que es una lástima cómo se han manejado las cosas, y que el partido puede continuar sin él, y que al mismo tiempo él seguirá su camino en favor de la mayoría de la población más desafortunada. Si esto no procede como él afirma, está listo para abandonar por su cuenta al partido. El alcalde al manejar las cosas con mucho ímpetu ha cometido errores en la forma de plantear las cosas. La naturaleza de los empresarios es precisamente la de dirigir, dar órdenes y están acostumbrados a esto, sus trabajadores, les guste o no, deben obedecer, de lo contrario sus trabajos están en riesgo. Muchos de nuestros camaradas en el partido también están acostumbrados a estos métodos, con la diferencia de que, en lugar de una planta de trabajadores a su cargo, tienen bajo sus órdenes un aparato organizativo y desde luego una militancia.

Existen las instancias en el partido para dirimir las diferencias, pero pareciera que no se utilizan para ello, sino para terminar sometiendo sin mucho análisis o debate a unos por otros. Esto no sorprende ya que la máxima libertad en el debate y la obtención de la máxima unidad en la acción no es un método que sea muy utilizado por las estructuras del partido. En la mayoría de los casos, se escucha y se obedece sin peros u observaciones. Esto no es extraño si recordamos cómo se degeneraron la mayoría de los Partidos Comunistas a nivel mundial donde condiciones como el culto a la personalidad de los líderes, la infalibilidad de sus decisiones, la obediencia ciega, la completa anulación de la iniciativa de los trabajadores marcó todo un periodo histórico que va desde el ascenso del Estalinismo en la extinta URSS hasta su colapso y la posterior fundación o refundación de los partidos de izquierda a imagen y semejanza de los partidos de la  socialdemocracia o de la unidad de combate guerrillera. Las famosas “calenturas históricas” como le denominan muchos compañeros del partido a estos referentes, que han marcado el accionar del FMLN, siguen haciendo más daño que bien.

Figuras dentro del FMLN han solicitado al Tribunal de Ética del partido la expulsión definitiva del alcalde, esto era de presagiarse como ya lo dijimos desde mucho antes que el conflicto tomara las actuales dimensiones. Y estas prácticas se han venido desarrollando con el tiempo, y se ha utilizado el aparato del partido para hacer a un lado a elementos considerados de “derecha” o que están del lado del enemigo. Habrá que preguntarse si sólo Bukele es considerado un hombre de “derecha” dentro del partido, ya sea por su posición de clase en la sociedad o por los argumentos que esgrime desde sus espacios. Descalificar a una persona toma poco tiempo, pero reconocer sus aportes y sus esfuerzos toma muchos años.

Bukele como figura ganadora

Las acusaciones contra el alcalde de parte de compañeros de ser un hombre burgués y por tanto un agente de la derecha con ambiciones de poder dentro del partido y con carácter oportunista, se quedan cortas si se observa la trayectoria de otras figuras de peso dentro del partido, quienes se consideran de “izquierda” pero manejan un discurso pro-capitalista y empresarial e incluso han comenzado a transitar la senda del emprendedurismo por su propia cuenta, o simplemente se han posicionado a favor de los “burgueses progresistas” bajo el emblema de la unidad nacional y la conciliación de clases.

Si vamos a atacar a los burgueses de este país, podríamos comenzar con Tharsis Salomón López Guzmán, actual Ministro de Economía, expresidente de la ASI, y miembro fundador de FUSADES, que es parte de nuestro actual gobierno bajo la bandera de nuestro partido FMLN. Sí, un burgués a la cabeza de un ministerio importantísimo que parece tener todo el aval de la CP y el Tribunal de Ética. ¿Cómo sucedió esto? Pues bajo el programa reformista del partido todos los imposibles se vuelven posibles y el programa revolucionario es diluido en el de la revolución democrática…burguesa.

Si el actual alcalde es removido o se retira por su cuenta, dejará un fuerte vacío en las intenciones de voto para las próximas elecciones de alcaldes y diputados del 2018. Aunque muchos lo nieguen, y afirmen que nuestro partido es fuerte—no hay duda de eso—y que con él o sin él, el partido saldrá fortalecido, parecen olvidar también que en las últimas encuestas se muestra un descontento generalizado de la población tanto hacia el FMLN como a ARENA, y la clase política, y por tanto esto se puede ver reflejado en un alto nivel de ausentismo. Ninguno de los potenciables candidatos a alcaldes o diputados goza de la simpatía que Bukele despierta en las masas, a pesar de sus exabruptos. El candidato de ARENA por la alcaldía podría salir de las sombras y comenzar a frotarse las manos ante la inminente remoción de Bukele. A pesar de ser considerado como un elemento torpe y de los más atrasados políticamente dentro de ARENA, Ernesto Muyshondt no tiene un pelo de tonto cuando se trata de defender los intereses de su clase.

Ahora, al hablar de Bukele debemos decir que su discurso tampoco traspasa los límites de la economía de mercado. Su programa—si es que lo tiene—es de llevar bienestar a las masas desfavorecidas; pero esto no es posible sin romper con el sistema de producción capitalista, del cual parece ser un férreo defensor, al manejar una serie de empresas y trabajadores a su cargo y abogar por la continuidad del mismo. En este sentido ya lo hemos catalogado con anterioridad como un socialista conservador o socialista burgués en otros artículos, de los cuales decía Marx: “A esta categoría pertenecen los economistas, los filantrópicos, los humanitarios, los que pretenden mejorar la suerte de las clases trabajadoras, los organizadores de la beneficencia, los protectores de animales, los fundadores de las sociedades de templanza, los reformadores domésticos de toda laya…Otra forma de este socialismo, menos sistemática pero más práctica, intenta apartar a los obreros de todo movimiento revolucionario, demostrándoles que no es tal o cual cambio político el que podrá beneficiarles, sino solamente una transformación de las condiciones materiales de vida, de las relaciones económicas. Pero, por transformación de las condiciones materiales de vida, este socialismo no entiende, en modo alguno, la abolición de las relaciones de producción burguesas—lo que no es posible más que por la vía revolucionaria—sino únicamente reformas administrativas realizadas sobre la base de las mismas relaciones de producción burguesas y que, por tanto no afectan a las relaciones entre capital y el trabajo asalariado”

Así cuando el alcalde afirma que “el dinero alcanza cuando nadie roba” define exactamente que la buena administración, honesta y transparente, está por encima de una revolución, y que por tanto las cosas dentro del capitalismo tienen solución para la mayoría de la clase trabajadora. Esto como ya sabemos es falso de principio a fin, y a menos que Nayib radicalice su discurso y su postura, no encontrará nunca la fórmula mágica de llevar dicho bienestar a la población más necesitada, así como el “buen vivir” no alcanza a llegar a todos los trabajadores y tampoco puede tener carácter permanente mientras la riqueza esté acumulada en pocas manos. En este sentido el programa de Nayib no se aleja radicalmente del que ejecuta el partido en la actualidad y su diferencia se basa sobre todo en quién lo está llevando a cabo.

¿Puede haber conciliación entre conciliadores?

Los seguidores de Nayib dentro del partido le demuestran su apoyo de forma abierta y en algunos casos de forma moderada o semi clandestina; pero parecen estar dispuestos a seguirle si se aleja del FMLN. No confían en nadie de la actual dirección, ni mucho menos en las figuras emergentes a las cuales consideran como verdaderos oportunistas, misma acusación que se hace sobre el alcalde en la actualidad, con la diferencia que, para sus seguidores, Nayib es más honesto, pues no está buscando puestos de elección popular debido al ingreso que esto genera en concepto de pagos y beneficios, pues no los necesita.

Las dimensiones que esto puede acarrear no parecen quitarle el sueño a cierto sector del partido que se “ha mareado de éxito”, y consideran que pueden mantener el mismo nivel de aceptación y de votos que se obtuvieron en pasadas elecciones. Pero hacen caso omiso sobre el descontento en muchos compañeros de base que esto ha generado, y que las encuestas no parecen favorecer actualmente al partido en muchas de las evaluaciones que la gente hace. Si bien una buena cantidad de compañeros pueden retirar su apoyo al FMLN en el futuro próximo, esto sería una especie de escisión silenciosa, ya que no hay un ala reformista de izquierda desde dentro que apoye de forma abierta a Bukele y que sean conocidos por esto; pero el caudal de votos que puede acumular el alcalde no sería nada despreciable si sobre el terreno se concreta lo que para algunos es nada más un apoyo “virtual” que tiene desde las redes sociales.

El fundar un nuevo partido o aliarse con alguno de los ya conocidos, no parece ser la opción más viable por el momento para Nayib. Proclamar un partido, no es lo mismo que crearlo, construirlo y fortalecer su aparato organizativo, incluso aunque se tenga el programa, las ideas, la táctica y las estrategias correctas, no es una cuestión simple. La mayoría de experimentos de “izquierda” que han intentado competir con el FMLN terminan en un fiasco y demostrando su verdadero rostro con el tiempo. Su programa no viene siendo otro que el subordinación a la clase dominante del país, aunque digan que se posicionan del lado del pueblo trabajador. Tampoco creemos que esto puede ser imposible para Nayib debido que cuenta con los recursos suficientes para aventurarse; pero en la práctica demostrará si los que lo apoyan están dispuestos a navegar junto a él por las aguas tenebrosas de la democracia burguesa local, y si están dispuestos a hacer sacrificios para dar forma a su aparato, disciplina que hoy por hoy, la demuestra, sobre todo, solo la capa más dura de la militancia del FMLN.

Como marxistas debemos analizar el fenómeno de Nayib desde su rol como individuo y lo que puede llegar a convertirse en la historia de esta sociedad. Así, partimos de la premisa que los considerados grandes personajes en la historia no son agentes totalmente libres de ejecutar su voluntad, y que están limitados o sujetos a las condiciones concretas de la formación social en la que han tenido que desenvolverse, aunque también consideramos que las virtudes o capacidades individuales de un hombre o una mujer, pueden ser determinantes a la hora de definir el rumbo de los acontecimientos. Visto así debemos observar el desarrollo de su figura sin apasionamientos y en su justa dimensión, tratando de evitar caer en apreciaciones mesiánicas o redentoras.

Si la dirección de nuestro partido ha podido conciliarse con elementos de la sociedad abiertamente burgueses, como Tharsis Salomón o terratenientes cafetaleros como Antonio Salaverria, no podemos descartar una salida viable al conflicto actual y en vista de lo que Bukele representa para buena parte de las bases. Si se aplica el programa de conciliación de clases que se ha venido ejecutando, conciliar con Nayib no es del todo descabellado, después de todo, su programa será puesto a prueba de la misma forma que las masas están poniendo a prueba el actual programa del partido, que dista mucho de ser un programa para la transición socialista de la sociedad, y se asemeja más a lo que Nayib pretende echar a andar si logra llegar más lejos de la silla edilicia.

San Salvador, 22 de septiembre de 2017.